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miércoles, 20 de julio de 2011

ESTALLIDO de Mónica Gameros, Edit. Cascada de Palabras, cartonera



ESTALLIDO
Mónica Gameros
Edit. Cascada de Palabras, cartonera
México, DF 2010




PRÓLOGO
MÓNICA GAMEROS
EL ÁNGEL CAÍDO QUE SE REBELA DE NUEVO

Tulio Mora


Ya casi no se encuentra lo que en los años 50-70 del siglo pasado se denominaba, así sin más, “poesía política”. No se derrumbó solo porque los pontífices de la pureza de la palabra tuviesen rubor de la voz alta y discordante que comprometía a la belleza neutral en incómoda posición frente a la cotidiana brutalidad de las desigualdades sociales; también el tren bala de la historia que bifurcó sus caminos, cancelando los rieles de la falsa utopía, la arrojó al olvido en algún puente. Eso que se llamó el fin de la historia, casi 20 años antes ya había sido el fin de la palabra poética airada, de sentimientos contrariados entre el llamado a la rebelión y la ternura del día de la esperanza.

No era tan fácil, por lo demás, mojar sobre llovido. Repetir la estética de la profecía de Pablo Neruda, César Vallejo, Efraín Huerta, del mismo Octavio Paz en sus cinco segundos de brigadista internacional en la España republicana, aún era posible hasta la Espiga Amotinada, Roberto Fernández Retamar, Jorge Enrique Adoum o Juan Gelman, ya en los 60-70. Después la comba que derribó el muro de Berlín desladrilló el mundo de la Guerra Fría y con él se desvaneció la poética de la ira.

Por otro lado, ¿quién no ha escuchado cientos de veces y visto la película de los Pink Floyd “The wall”? Contradictoriamente, en el video clip de esa canción lo que vemos y tarareamos no es la caída del muro de Berlín, sino la biografía resignada de un ciudadano-ladrillo más del capitalismo, de un invisible e insignificante escolar, desmintiendo a Bertolt Brecht (otro poeta anatematizado ideológicamente) para quien la gran muralla china o las construcciones egipcias y hasta las de la América prehispánica no homenajeaban con su permanencia al monarca que ordenó su monumentalidad, sino a los esclavos que habían vengado su miseria en ese desafío de arañar el cielo con las manos enlodadas. El mito de Sísifo en versión de Camus: la fatalidad de la esclavitud convertida en venganza secreta. Echaré a rodar una y miles de veces la piedra de mi destino cuesta arriba de la montaña y me divertirá viéndola caer esas miles de veces y así toda la eternidad.

¿Pero qué diablos es la eternidad para un ladrillo? Las montañas podrían decirnos algo. También Mónica Gameros que ya en un contexto de plena imposición del neoliberalismo globalizado se propone, como el ángel caído (“Caída libre” se llamó su anterior libro), en cuanto toca el suelo volver a alzar la voz de la rebelión. “Rebeldía poética” puede entenderse de varias maneras pero la principal es que cuestiona de nuevo a la palabra descomprometida, que hoy no se llama pura, sino “poesía de la palabra” y está tan de moda entre los poetas profesores latinoamericanos que enseñan en los EEUU envolviendo la alabanza de la vieja estética reaccionaria en nuevo paquete.

Ya se sabe: quien no quiere hablar de las guerras de Iraq y Afganistán, de las tres cuartas partes de la humanidad empujadas a un destino de irreciclables, del deterioro planetario (por fin la constatación de la fatiga de una tierra devorada por el apetito incontinente del sistema es más elocuente que las ideologías), de las políticas migratorias racistas, es porque vive del sistema y en esa condición el silencio, el sagrado y místico silencio de los cómplices se vuelve artificio, mentira, barroquismo, neobarroquismo, medusario que obtiene becas, premios, viajes, publicaciones internacionales.

Aquí es donde Mónica Gameros se subleva porque, aparte de saber que es un ladrillo más, pero capaz de arrojar su poesía contra los elegantes vitrales de las tiendas de firma, nos recuerda que la felicidad es delictiva (“sólo un imbécil puede hablar de la felicidad en este mundo”, declaraba un agudo historiador peruano antes de traicionarse éticamente), que no quiere lectores pasivos, sino enardecidos, empujándonos al sádico amor que arroja a los amantes a la mutua mutilación.

No nos equivoquemos: eso que pasa por claridad iracunda no es literatura de propaganda, sino la osadía de caminar por el precipicio de la llaneza y lograr sortearlo. Estos poemas también podrían ser letras para conciertos de rock heavy metal, imaginemos cantados en un estadio con la consigna de liquidar al sherif global. Palabra de la nueva anarkía (así, con “k”), “maremoto apócrifo”, de kamikaze, ladrillazo contra todos y todo: contra el falso revolucionario, contra el inútil poeta dios (ese hacedor del silencio con tarjetas de crédito). Poemas de indignación, viviendo en la ciudad del caos (lo mismo da que sea Nueva York o el DF o Calcuta) e intercambiando con su doble o clon (mg2) las confesiones de una habitabilidad irrespirable. Es otra manera de hacer poesía política con identidad explícita:


[IDENTIDAD]
Soy poeta porque no pienso callar/
porque no dejo de pensar/
porque no dejo de amar.

Soy poeta porque no podré olvidar tus palabras/
soy guillotina para tu discurso/
navaja pendiente de tu solapa.
Aguardo el momento para cantar
loas al odio que no me deja olvidarte.

Soy la kamikaze que explotará con versos
todas tus mentiras dispuestas en coro
para el concierto donde tú quieres ser DIOS

Soy la terrorista de tu vida/
Soy el eco que no puedes callar/
Soy poeta/ escribo/ te exhibo

En el siglo XIX los anarquistas, esos ultra individualistas conmovedores, habían declarado la guerra al sistema nada más que por sí y ante sí. Se negaban a tener un partido, organización y a veces hasta cómplices. La suya era la inmolación casi refleja echando bombas por extravagante exasperación. Un día de 1891 Ravachol decidió poner un artefacto explosivo en el edificio donde vivía un juez que en su opinión representaba al poder francés. Fue su manera de responder a una masacre en la que 44 trabajadores fueron asesinados por las fuerzas del orden. Por suerte la bomba de Ravachol no ocasionó muertes y cuando fue arrestado la policía le advirtió que se había equivocado de piso. Solo respondió: “para mí todos son iguales que el juez”.

Pero el sentido con que Mónica Gameros se declara “anarkista” es de quien quiere que su voz se oiga, que la sordidez del poder no la acalle, que el sol la acaricie y proyecte su sombra en la tierra, que sig-ni-fi-que, esa condición básica de la escritura crítica para borrar la in-significancia de las jerarquías del sistema. Es la voz del ángel caído que se alza cuando México se desangra.

Lima, julio de 2010




Primera parte
DEL ESTALLIDO DEL PERFECT SOUL
El cielo se congestiona con mi aliento

[GENERACION X]
a Oscar Altamirano por su fortaleza

Los viejos lo consiguieron a fuerza de repetir
sus reclamos a mi generación/
Nos convencieron de que no valían la pena/
de que esta generación ya no correría para salvar sus melenas/
de no tolerar a la tira prejuiciosa/ de no aceptar el talón/
de esquivar el macanazo/
de no apantallarnos con el grito de guerra
congelado por la metralla.

Dicen que somos la generación X/
que no hay banderas que nos convenzan/
que nos importa un bledo su sangre derramada/
bueno/ en realidad la de ellos sigue en sus venas/
en las venas que escondieron en el rancho de la familia/
mientras las cárceles en los campos militares
seguían repletas de congruencia/
Porque la de los desaparecidos sí que nos importa/
sí que nos incendia/ sí que nos estalla en la memoria.

Somos la generación X/
hambrienta del derribamiento de las aduanas/
fanáticos de los condones/ del LSD/ de la marihuana/
del concierto de rock/ de lo que los viejos llaman
luchas pequeño burguesas.

Quién quiere seguir misóginos pseudo revolucionarios/
autoritarios/ xenofóbicos/ homofóbicos/
engolosinados con el poder/ empotrados en el enriquecimiento ilícito/
en el tráfico de influencias/ llenos de ligas y despensas.

Quién quiere defender el petróleo cuando tenemos
sol y viento/ agua/ semillas de origen/
fauna en peligro de extinción.

Quién quiere ser ejército rojo si sabemos pensar/
si sabemos elegir/ si sabemos que somos libres/
que no hay Dios/ que no hay infierno/
que no hay paraíso.



Segunda parte
VERSO INVASOR
Llevemos la poesía más allá del papel y el libro/
inundemos las bardas de la Ciudad


[RESISTENCIA]
Lo más difícil que he hecho
ha sido vivir sin iluminados/
sin dios/ sin dueño.

Lo más grave que he hecho
ha sido resistir a pesar de tus ansias por exterminarme
ignorarme/ hacerme invisible/ callarme.

Lo más intrépido que he hecho
ha sido no cerrar la boca/
no guardar silencio/
no reprimir los adjetivos
para describir tu cinismo.

Incrédulo, miras con temor/
soy el sable apuntando tu vientre/
Soy un altavoz con un centenar de ecos/
Soy el zapato en tu cara.

Si miras bien
soy la chispa detonante
& tu cara
es un garabato.



Tercera parte
LA SOLEDAD ES UNA CASCADA
DE PALABRAS ENMOHECIDAS
¿Existo o soy el sueño de alguien más?

[POESIA Y BASURA]
Dicen que la poesía hiede
que es cursi/ aburrida/ tediosa
cosa de maricas.

Digo que si no te gusta la poesía
seguro estás aburrido de ti mismo/
Seguro no sabes besar y
cada noche/ frente al espejo/
te quieres dar un tiro
& fantaseas excitado
imaginando a tu madre, tu esposa, tu amante/
todas juntas en silencio/
cada una con un viejo trapo
recogiendo los trozos de tu memoria.



[CIUDAD CAOS
CIUDAD NIEBLA]

I
Escuché el último suspiro de una tarde acuosa
en medio de una gris y lánguida desidia/
Cuantas tardes anegadas/
color-neblina de mi soledad pasada/
sombra de sombra/
polvo de estrella sobre mis gélidas mejillas/
secas/ quebradizas.

Esta llovizna impertinente
me obliga al refugio con voto de silencio/
me recuerda otros días/ quietos y mudos/
navegantes sobre agua con cafeína.

Me recuerdan el eco invasor de mi oquedad/
hábitat / red de olvido/ anonimato/
apático resquicio de un apartamento sin muebles/
sin aliento/ sin nada de nada/
tan nada que las arañas emigraban
buscando su eco.

Ese gris acuoso/ esa frialdad líquida/
Esa forma de la gota de lluvia
para morir estrellada en el piso/
ese fundirse junto con otras tantas/
millones de ellas/ millones caen/
millones crujen/
corren en inútil escapatoria.

Tanto gris/ tanto asfalto/
Tanto frío vacío/ mutante eco/
resonante entre sirenas
que recorren la ciudad del caos/
la Medusa enloquecida/
la capital moribunda de los infartos.

Ayer el frío apático/ neblina en la mirada perdida/
palabras secuestradas en voto de silencio/
in memoriam de una tarde perdida/
en inútil debate interno.

Hoy tarde neblina-olvido/
la soledad ya no canta/
Muda/ yace desde los cantos de mi sirena/
cantos que llenan mis días de palabras viejas/
palabras que en su voz parecen nuevas.

II
Ciudad caos-ciudad neblina/
Ya no vivo en medio del ojo del huracán/
Ya no soy la mariposa que revolotea/
Ya no provoco un tsunami en la memoria de quien me olvida.

La sirena y yo vivimos en una de las orillas de la ciudad caos/
en medio de una densa neblina
que nos obliga al refugio del frío de la vida.

El tritón del séptimo círculo nos abriga/
mantiene los brazos cruzados para que las cigarras duerman/
el eco muere en la crujía húmeda.

La sirena sonríe/
La ciudad caos se inunda de luz/
Yo soy el espejo de sus días/
el caracol en el que resuenan sus risas...

Los ojos de la sirena incendian mi furia entre cenizas/
impulsan mi vieja rebeldía/ mi incomprensión de todo/
mis ganas de hacer verdad la utopía/
la verdad de sus años/ de su vida entera/
de su andar por senderos llenos de sorpresas/
de sus alas en movimiento/
provocando la destrucción del miserable
rincón del cosmos en el que habitamos.


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